El Aprendiz (How to do a good blow job)

Siempre he sido un adicto al porno más abyecto (rae: Despreciable, vil en extremo.) y depravado. Lo reconozco, desde que coincidí con un compañero de facultad- cuyo padre era distribuidor de porno alemán- los Penthouses, los Playboys me parecen mierda para estudiantes de Photoshop (ahora) y de fotografía e iluminación (antes).
Esos “vicios” han de llevarse con cierto disimulo, porque no es algo de lo que te guste hablar en el ascensor con tus vecinos…
Lamentablemente, mi vicio queda empequeñecido, si se compara a la dieta televisiva de la mayoría de los ciudadanos de este gran país que se llama “me voy a hacer puñetas”.
Es lamentable ver como un tipo que, era algo en su negocio, – que es hacer anuncios- se deja tentar por la tele y hace un miserable programa donde se mezcla todo y donde gañanes confunden ideas “creativas” con planes de negocio.
Me quedo con mi porno en el que todo el mundo queda “tabicado” hasta las orejas, es mucho mejor para la salud.